jueves, abril 14, 2005

 

El Festival de Medio Otoño

Desde tiempos remotos, los chinos celebran tres importantes fiestas en base al calendario lunar: el Año Nuevo chino, el Festival de los Botes Dragón y el Festival de Medio Otoño. Este último se diferencia de los otros dos por su estilo más apacible y suave de celebración. Las festividades del Año Nuevo lunar y las regatas de botes dragón son eventos acompañados por grandes despliegues de triquitraques, gongs, platillos y mucha algarabía. También son celebraciones esencialmente diurnas.

En contraste, el Festival de Medio Otoño es una celebración más tranquila, elegante y esencialmente nocturna. Por lo general, no se hacen grandes alardes ni tampoco muchos despliegues sonoros. Más bien, es una especie de celebración familiar, íntima y de naturaleza delicada.

El festival, que cae en el décimoquinto día del octavo mes del calendario lunar, es una especie de acción de gracias, admiración de los hermosos dones de la naturaleza y reflexión al acercarse el final de la ardua jornada anual en el campo. Las noches de otoño son más placenteras y para los chinos, la luna luce más grande y redonda en esta época del año. Por esa razón, el Festival de Medio Otoño es una celebración primordialmente relacionada con la luna.

Como en todas las culturas antiguas, los chinos daban una connotación masculina al Sol, y una femenina a la Luna. En Occidente, el Sol es el astro rey, y obviamente, la Luna es la reina del firmamento. En China, la luna ha sido uno de los temas predilectos de los poetas, literatos y pintores a través de los años. En torno a ella, se han tejido muchos romances y leyendas que resaltan el embrujo que siempre ha ejercido sobre la humanidad.

Una de las leyendas más comunes sobre la luna en China es la de Chang O, la curiosa esposa de Hou Yi, quien por error tomó el elixir de la inmortalidad y desde entonces se encuentra desterrada en su Palacio de Cristal en el único satélite que tiene la Tierra.

A inicios del mundo, existían diez soles que no hacían más que chamuscar toda la Tierra. Hou Yi, un robusto arquitecto y arquero, salvó a la humanidad de una inevitable catástrofe al derribar con sus flechas los nueve soles extras que habían. La Reina del Cielo Occidental, complacida por la heroíca acción de Hou Yi, le entregó una píldora de la inmortalidad y le indicó que debía tomarla después de un año de ayuno, meditación y preparación espiritual.

Desafortunadamente, su esposa era demasiado curiosa y al descubrir la píldora cierto día, y pensando que su marido tramaba algo al no informarle acerca de la misma, se tragó la divina medicina. Tras de tomarse la píldora, Chang O comenzó a sentirse liviana como el aire. Desafiando la gravedad, ella se elevó por los cielos y llegó a su nuevo hogar en la luna. Al descubrir su error, ella quiso revertir el conjuro y se metió los dedos en la boca para tratar de vomitar la píldora.

Tras mucho esfuerzo, Chang O tosió y vomitó la píldora. Al tocar el suelo, la píldora se transformó en un conejo con un pilón y mortero. Sin embargo, ella no pudo revertir a su estado mortal y tuvo que aceptar el destino de vivir eternamente en su palacio lunar acompañado del fiel conejo de jade.

Esta romántica leyenda ha sido también fuente de inspiración para muchas obras de arte en China. Muchos grabados antiguos sobre la luna tenían siempre la hermosa figura de Chang O y su conejo moliendo el elixir de la inmortalidad en su mortero para aquellos seres humanos que llenen los requisitos para convertirse en inmortales. En las noches de otoño, los padres chinos suelen contarles la leyenda de Chang O a sus hijos cuando observan los misteriosos contornos de la luna. Y cuando alguna nube pasajera perturba un poco la claridad de la luna, los mayores dicen que es el travieso conejo dando brincos en la superficie del cuerpo astral.

Pero los mortales en China se contentan con sus ritos y celebraciones en esta época del año, tal vez tratando de consolar a Chang O. Las amas de casa suelen hacer ofrendas en pequeños altares improvisados en el balcón, la azotea o el jardín en honor de la luna y su hermosa inquilina. Tradicionalmente, se hacían ofrendas de espejos, peines, perfumes y otros artículos de tocador. Al fin y al cabo, las mujeres comprenden mejor sus necesidades.

El festival tiene una fuerte influencia femenina debido al rígido orden social que existía en China. En el pasado, se prohibía a las mujeres estar en sitios públicos. Sin embargo, la noche del festival era un momento de libertad temporal. Las mujeres pasaban el tiempo fuera de casa, admirando la luna y conversando sin mayor preocupación.

Por lo general, la cena de esa noche debe ser al aire libre. Se suele hacer una parrillada, acompañada por abundantes pasteles de luna y pomelos. El pomelo se produce para esta época del año y por su forma redonda, tiene una asociación romántica con la luna.


Pasteles de luna y pomelos.

Los pasteles de luna, cuyo nombre se debe a la forma generalmente redonda que tienen, simbolizan la unidad familiar y la perfección. Es costumbre regalar tales pasteles para esta época del año. Su origen se pierde entre las nieblas del tiempo. Es obvio que el festival tiene relación con las celebraciones de otoño en la sociedad rural de antaño, cuando ya se terminaba de recolectar la cosecha y comenzaban los preparativos para el invierno.

En el Período de Primavera y Otoño (722-484 a.C.) ya encontramos referencias acerca de las celebraciones en honor a la luna. Sin embargo, la primera declaración de un Festival de la Luna surge de un edicto imperial durante la dinastía Tang (618-907). Pero, no hay una relación histórica precisa acerca de cuándo se inició la tradición de comer los pasteles de luna.

Históricamente hablando, existe un incidente relacionado con los pasteles de luna. Los mongoles invadieron China en 1279 y fundaron la dinastía Yuan. Durante casi un siglo, los invasores impusieron un fiero reinado acompañado por un rígido control en todo el territorio chino. Los chinos estaban ya hartos de la dominación externa y deseaban alzarse en armas, pero no había forma de comunicar la intención a todos los compatriotas.

Chu Yuan-chang, líder del movimiento rebelde, tuvo una excelente idea para transmitir el mensaje a todos los chinos. Se le ocurrió esconder una nota en papel en cada pastel de luna. Los mongoles rehusaban comer dichos pasteles por temor a que estuviesen envenenados y por contener una masa negruzca que para ellos les parecía sospechosa.

Así, en la noche del Festival de Medio Otoño de 1368, todas las familias chinas que comieron los pasteles de luna se sorprendieron al descubrir una nota que revelaba que a medianoche era la asonada. Tal como se había previsto, a la media noche y mientras los mongoles dormían tranquilamente acostumbrados al jolgorio de los chinos en ese festival, estos últimos se alzaron en armas contra el invasor foráneo, expulsándolo a su territorio natal más allá de los confines de la Gran Muralla. Posteriormente, Chu Yuan-chang fundó la dinastía Ming.

Cada provincia en China tiene su forma peculiar de preparar los pasteles de luna. En algunos sitios, como en Taiwan, la cubierta es más crujiente y quebradiza. En otros lugares, como en Kwangtung, la cubierta es suave y más fina. Cada tipo de pastel de luna tiene su propia textura y sabor. Resulta imposible decir qué tipo es el más sabroso.

Sin lugar a dudas, los pasteles de luna al estilo cantonés son los más famosos. Esto se debe a la promoción que se les ha dado durante mucho tiempo desde Cantón, Hong Kong y Macao. Existen muchas diferentes variedades de relleno en este estilo de repostería.

Uno de los rellenos más comunes consiste en una mezcla de semillas de loto, pasta de dátiles y yemas de huevo. Algunas personas dicen que tales ingredientes tienen relación con la rebelión en contra de los mongoles. Las semillas de loto representan las semillas de la rebelión; los dátiles la fecha del alzamiento; y las yemas el yugo opresor que debía ser extirpado. No importa si esa versión sea verdadera o no, lo cierto es que este tipo de relleno es el más común en los pasteles de luna de muchas provincias en China.

En Taiwan, donde la alta tecnología y la informática parecen desplazar a todo lo tradicional, el pastel de luna sigue prevaleciendo como bocadillo indispensable para este importante festival. Claro está, las modalidades modernas no han dejado de incursionar incluso en este tradicional dulce. Ahora, algunas tiendas más ingeniosas han comenzado a ofrecer pasteles de luna rellenos con helado, frutas frescas y hasta goma de mascar.

Las variantes modernas podrán estar de moda un par de años, pero la inconfundible apariencia y el típico sabor de los pasteles de luna tradicionales nunca desaparecerán. Para muchos de nosotros, el esfuerzo de todo un año estaría plenamente compensado si podemos sentarnos tranquilamente a disfrutar de la suave brisa y el brillo de la luna llena en esta noche de otoño, acompañados por deliciosos pasteles de luna y una taza de excelente té.

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