lunes, abril 06, 2009

 

Amitabha, Luz Infinita que ilumina el Universo










La figura serena de Amitabha sosteniendo una flor de loto en una gigantesca estatua por Chiang Yi-tze, famoso artista taiwanés especializado en obras sacras.




En la mayoría de los hispanoparlantes, cuando ocurre algo inusitado, la expresión más comúnmente usada para manifestar el asombro o la emoción del momento es “Dios mío”. El equivalente en chino para esta expresión sería Amito Fo (Amida Buda), y no sólo como una manifestación de asombro o temor; sino también una forma de saludo formal entre los creyentes del budismo.
La fórmula es en realidad un tributo al Buda Amitabha de la Escuela de la Tierra Pura, que practican la mayoría de los budistas chinos. Básicamente se repite la fórmula Amida Buda (sagrado nombre de Buda) y se fortalece el deseo de renacer en la Tierra Pura de Suprema Felicidad de Occidente, lo cual se puede alcanzar gracias al poder de salvación de los cuarenta y ocho votos de este Buda.
Amitabha es el buda más importante de la secta de la Tierra Pura, una rama del budismo Mahayana o del Vehículo Mayor que se practica esencialmente en el Este Asiático. Según los sutras o libros sagrados del Budismo, Amitabha posee infinitos méritos como resultado de sus buenas acciones en incontables vidas pasadas como un bodhisattva llamado Dharmakara. El término Amitabha puede traducirse como “luz infinita”, y por ende se le denomina frecuentemente como el “Buda de la Luz Infinita”.
Según el Sutra Sukjavativyuha o Sutra de la Vida Inco-nmensurable, Amitabha fue un monje llamado Dharmakara, que vivió en tiempos muy remotos y posiblemente en otro mundo. En algunas versiones del mismo Sutra, se describe a Dharmakara como un antiguo rey que, tras conocer las enseñanzas budistas del Buda Lokesvara-raja, renunció a su trono. Posteriormente, decidió convertirse en un buda y poseer un budaksetra o reino existente en un universo primordial fuera del espacio y tiempo que conocemos, producto de los enormes méritos de un iluminado, donde existiesen muchísimas perfecciones.
El Sutra Sukjavativyuha o Sutra de la Vida Inconmensurable es un texto sagrado del budismo Mahayana, y constituye uno de los tres textos sagrados más importantes del budismo de la Tierra Pura, siendo el más extenso de ellos.
En sus 48 votos, Amitabha muestra su inmensa preocupación por todos los seres del Universo, a tal extremo que en su primer voto ya manifiesta que rehusará obtener la iluminación perfecta si existe algún lugar en su Tierra llamado “infierno”, donde sufran las ánimas y los animales.
De igual manera, rechazaría a su iluminación perfecta, si por alguna negligencia existan seres con algún tipo de imperfecciones, incluyendo las imperfecciones mentales que puedan tener inclusos los seres menos privilegiados. Estos 48 votos constituyen una garantía para entrar en la Tierra Pura o de la Bendición Suprema, sitio donde deben aspirar a llegar todos los seres sensibles (humanos) tras haber pasado por los diferentes paraísos temporales de otras creencias posteriores.
Allí, según lo describió al Anciano Sariputra en el Sutra Amitabha, los seres que lo logran disfrutarán de la felicidad suprema y nunca más sabrán acerca del sufrimiento. Con el poder espiritual de Amitabha, todos los seres de este mundo podrán entender el budismo, permitiendo que puedan practicarlo diligentemente y finalmente, alcanzar la iluminación. Esa iluminación llevará al practicante por el sendero que conduce a la Tierra Pura.
Por esa razón, los fieles budistas recitan con frecuencia el nombre de Amitabha, de modo que puedan renacer en esa Tierra Pura después de haber concluido sus vidas en el ámbito terrenal.
A través de sus enormes esfuerzos meritorios, Amitabha creó la Tierra Pura, que se denomina Sukhavati, que significa “poseedor de la felicidad” en sánscrito. En chino se le conoce como Chingtu (Jingtu); mientras que se llama Jodo en japonés, y Tinh do en vietnamita.
El Sukhavati está situado en el occidente extremo, más allá de las fronteras de nuestro universo. Por el poder de sus votos, Amitabha ha hecho posible que los creyentes que invoquen su nombre y cultiven méritos en el mundo de los mortales, puedan renacer en esta tierra, donde podrán seguir cosechando más méritos y finalmente, convertirse en bodhisatvas o budas. Ya en ese estado de extrema santitud, podrán retornar a nuestro mundo para ayudar a otras personas a seguir este sendero meritorio para llegar a esa tierra sumamente lejana y remota en términos físicos, pero cercana en términos espírituales. Allí, se encuentran los otros “paraísos” que describen algunos textos sacros de otras religiones.
En la tradición budista china, la devoción hacia Ami-tabha se resume en el Sutra Amitabha, que es una versión condensada del Sutra Sukjavativyuha. Se conoce en chino como Amito Ching o el “Discurso de Buda sobre el Sutra Amitabha”.



Amuleto con tributo a Amitabha. Pinche para abrir en formato original, imprimir en color y recortar para colocarlo en sitio visible de la casa, si se desea paz y tranquilidad en un hogar.


El mismo fue traducido del sánscrito al chino por el maestro budista Kumarajiva en 402. Se cree que existió en India antes del año 100 de la Era Cristiana. Su contenido es notablemente más corto que los otros sutras de la secta de la Tierra Pura, y consiste de un discurso del Buda Sakyamuni a su discípulo Sariputra, en la Gruta de Jeta.
En el mismo se describe cuáles son las maravillas que esperan a los virtuosos en la Tierra Pura de Occidente, así como los seres divinos que moran allí, incluyendo al Buda Amitabha. El texto también indica qué méritos debe hacer una persona en vida para poder llegar a esa Tierra Sagrada.
En la práctica del budismo Chan (Zen, en japonés) de la secta de la Tierra Pura, el Sutra Amitabha se recita frecuentemente como parte de la invocación o servicio nocturno, siendo parte de los esfuerzos meditativos para adquirir méritos. También es recitado en los ritos funerarios budistas, con la esperanza de que el mérito generado por la recitación del sutra pueda ser transmitido al fallecido.
Por lo general, resulta difícil distinguir la imagen de Amitabha de una de Sakyamuni, el Buda histórico; ya que ambos son representados como poseedores de todos los atributos de un buda o iluminado, y carecen de marcas propias que los separen a primera vista. La clave para distinguir a las dos deidades es la mudra o postura simbólica de las manos. Cuando se presenta a Amitabha sentado, suele mostrarse con la mudra de meditación (con las manos juntas y las palmas de la mano hacia arriba) o la mudra de exposición, con las palmas de ambas manos expuestas. La mudra de toque de tierra, con la mano derecha estirada hacia abajo y la palma recogida hacia adentro, se reserva exclusivamente para ser usada en una imagen de Sakyamuni sentado.
En las imágenes de pie, Amitabha aparece frecuente-mente con su brazo derecho desnudo extendido hacia abajo y la mano con la palma expuesta, y el brazo izquierdo levantado y la mano en posición de flor de loto (pulgar tocando el índice). El significado de esta mudra es que la sabiduría, simbolizada con su mano levantada, es accesible incluso para los seres más inmundos. La mano extendida muestra la compasión de Amitabha por los seres más inmundos, que no están en capacidad para salvarse a sí mismos.

La Sagrada Trinidad: Amitabha, acompañado por sus dos asistentes, Avalokitesvara, a su derecha; y Mahasthamaprapta, a su izquierda.


En Taiwan, al igual que en muchas partes de China, la imagen de Amitabha suele aparecer en los templos y altares budistas acompañado por dos asistentes, Avalokitesvara o Diosa de la Misericordia, que aparece a su derecha; y Mahasthamaprapta o Diosa de la Sabiduría, que se encuentra a su izquierda. Las tres deidades constituyen la Sagrada Trinidad primigenia.
Amitabha también puede aparecer solo en un templo o altar budista, dedicado a su veneración. Pero, por lo general, los fieles suelen colocar imágenes o estatuas más pequeñas de otras deidades budistas, especialmente Avalokitesvara, como objetos accesorios del culto.
En el lamaísmo o budismo tibetano, Amitabha es representado como una deidad roja, el color que denota amor, compasión y energía emocional. Como se ha explicado anteriormente, el punto cardinal que representa es el oeste, y es símbolo del ocaso, por el color rojo que caracteriza los atardeceres. Siendo el poder supremo y poseedor de la energía de la naturaleza, permite que ésta última sea accesible a todos los seres sensibles en la Tierra. Por esa razón, es el Buda más popular de los Dhyanis o Cinco Grandes Budas.
Por esa razón, es común ver pequeños afiches y pegatinas con la frase Namo Amito Fo (Amida Buda, el Inconmensurable) adheridos a los carros, edificios, postes de luz y muchos otros sitios en Taiwan. Además, en los sitios donde hayan ocurrido accidentes fatales, se suele colocar un poste de piedra con la misma frase para aliviar a los malogrados y bendecir a quienes tengan que pasar por ese sitio.
Su culto se extiende por todo el Asia Oriental y Central, llegando hasta el noroccidente de India, Pakistán y Afganistán, donde muchos fieles invocan su santo nombre, inclusive siendo creyentes de la fe islámica. Su presencia radica en el corazón del ser humano, y por lo tanto, no hay necesidad de exteriorizar la devoción al Buda Inconmensurable. Es como la luz, que brilla omnipresente de día, en templos, iglesias, sinagogas o mezquitas, y se permea entre las oraciones de todos los fieles para seguir dando energía positiva para que perdure el bien y triunfe finalmente sobre el mal.

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jueves, enero 22, 2009

 

Tsao Shen: Dios de la Cocina


Rodeado por niños, el Dios de la Cocina
tiene un semblante benévolo.


Desde la más remota antigüedad, muchos pueblos han creido y venerado deidades relacionadas con la cocina. En términos generales, tales deidades son consideradas como seres benevolentes, que ofrecen protección en contra de accidentes, incendios o envenamiento por alimento en la cocina; mantienen a los espíritus malignos, los aspectos negativos e influencias malignas fuera de la cocina; y bendicen todas las comidas que se preparen allí.
Hablando acerca de la cena del Año Nuevo chino, los rituales gastronómicos comienzan con varias semanas de anticipación, no sólo en los preparativos de los ingredientes y el menú a servirse en la mesa esa gran noche; sino también en algunas ceremonias de preparación.
Un postre que no puede faltar durante todas las festividades del Año Nuevo es el nien gao, una especie de pastel pegajoso hecho esencialmente de arroz glutinoso. Por homofonía, su consumo es una especie de deseo por posiciones cada vez más importante con el paso de los años.
Pero, aparte de la aspiración por el éxito, el nien gao también juega un papel esotérico entre los ritos folklóricos del pueblo. Varios días antes de la llegada del Año Nuevo chino, se debe realizar la ceremonia de despedida de Tsao shen o Dios de la Cocina, una divinidad taoísta cuya imagen está instalada en todos los hogares en la proximidad de la chimenea o cocina.
La ceremonia se realiza entre el 23 al 25 del duodécimo mes lunar, y denota el inicio formal de los preparativos para celebrar la fiesta más importante de la nación. En el pasado, ese día era también denominado como el “Año Nuevo menor”. El acto más importante de la ocasión es untarle un poco de nien gao en la boca del Dios de la Cocina, y proceder a despedirlo para que salga en su misión celestial.
Después de los ritos correspondientes, la imagen de papel de la deidad es arrancada y quemada, para que se eleve al Cielo y reporte de la situación familiar durante el año pasado al Emperador de Jade, máxima deidad del panteón taoísta. La untada del pegajoso pastel es para que sólo diga cosas dulces de la familia. En algunos lugares de China continental se usa maltosa para ese mismo propósito.
Desafortunadamente, esa práctica ha caído en desuso en las urbes modernas de Taiwan, donde las cocinas tradicionales que usaban leña han desaparecido y reemplazadas por modernas instalaciones con quemadores a gas o eléctricos. Son pocas las familias que aún colocan la imagen en papel de la deidad entre las inmaculadas paredes cubiertas de azulejos.
Según las creencias folklóricas chinas, en cada hogar vive un Dios de la Cocina, que está allí a partir de la víspera del Año Nuevo lunar del año pasado hasta el día de despedida, para proteger y supervisar a la familia.
Durante la noche del Año Nuevo menor, subirá al Cielo para comunicar las virtudes y maldades de la familia al Emperador de Jade, para que éste determine la suerte de la familia en el nuevo año.
Los sacrificios se realizarán cuando caiga la noche. Los familiares quemarán incienso con devoción ante el retrato de la deidad, quien dicta su suerte, colocado en un pequeño altar situado en la cocina y, después, le ofrecerán dulces y se untara simbólicamente su boca.
Seguidamente, los familiares lo despegarán y quemarán junto con forrajes y caballos hechos de papel, mientras rezan para que tenga un buen viaje al Cielo.
Según las tradiciones, los funcionarios lo hacen el día 23 del último mes del calendario lunar chino; mientras que las familias comunes lo hacen el día siguiente y los barqueros el día 25.
En la víspera del Año Nuevo o la Fiesta de Primavera, Tsao shen volverá con otros dioses, y la gente les ofrecerá actos de bienvenida. Así, comenzará de nuevo su sagrado deber de velar por el bienestar de la familia durante todo el año que acaba de empezar. De igual manera, anotará todas las cosas buenas y malas que ocurran en ese hogar.
Para evitar ofender al Dios de la Cocina, ya que se cree que tiene el poder de conceder salud, riqueza y prosperidad a la familia, todos los miembros de la familia procuran evitar cantar, llorar o besarse frente en la cocina, como una señal de respeto. También es prohibidísimo hacer algún juramento frente a su imagen. Cortar cebollas en la cocina es considerado como una falta de respeto a la deidad, y se prohibe.


El Dios de la Cocina y su consorte,
en un popular grabado en papel.



La historia del Dios de la Cocina nació de leyendas populares, siguiendo tradiciones budistas y taoístas. Existen varias versiones acerca del origen de esta singular deidad menor tan íntimamente relacionada con la vida familiar.
Una de ella, narra acerca de Chang Tan, un rico mercader que tenía una suntuosa casa y solía salir en viajes de negocio por otras provincias. Estaba casado con Ting Hsiang, una hermosa y elegante mujer de finos modales. La pareja vivía muy feliz y se amaban mucho, al extremo de haber jurado que estarían juntos hasta que la muerte los separase.
En cierta ocasión, Chang Tan se encontraba en otro pueblo atendiendo unas transacciones comerciales y se topó con una joven llamada Hai Tang. Su hermosura y juventud causó una impresión favorable al rico mercader. Conociendo que el hombre era una persona muy adinerada, Hai Tang aprovechó todas las oportunidades posibles para acercarse a Chang y hacerle insinuaciones amorosas. No tardó mucho en que el mercader cayese en la tentación, y poco después, contrajo segunda nupcias con la joven para tomarla como concubina.
Al retornar a casa, Hai Tang se sintió muy molesta al ver que la esposa oficial de Chang, Ting Hsiang era mucho más hermosa y elegante que ella. Para deshacerse de ella, Hai Tang comenzó a convencer a su hombre que se deshiciera de la esposa y la echase de casa.
Aturdido por los susurros amorosos de Hai Tang, un día decidió Chang Tan divorciarse de su esposa y echarla de casa. Llevándose los atuendos y las joyas que le había dado su madre, Ting Hsiang abandonó lo que hasta ese entonces había sido su hogar, hoy destruido por las triquiñuelas de una intrusa.
Pero, Ting Hsiang no sentía rencor hacia su ex marido, al contrario, en su alma le deseaba mucha felicidad a la pareja. Se fue a vivir en la antigua casa de sus padres y tan pronto se supo que se había divorciado, no faltaron los pretendientes que deseaban casarse con ella. Se había corrido la voz que era una mujer privilegiada y de buena suerte, y que su antiguo marido había logrado amasar tal riqueza gracias a la compañía de ella.
Posteriormente, ella se volvió a casar con un apuesto y rico joven, quien le ofreció todos sus bienes y la promesa de no abandonarla nunca. La nueva pareja vivía felizmente, y Ting Hsiang se consagró a cuidar de su nuevo hogar. Su marido no dejaba de admirarla y se desinteresó completamente de todas las otras mujeres del mundo.
Mientras tanto, Chang Tan y Hai Tang, libres y solos al fin, se divertían todos los días y gastaban el dinero en forma desenfrenada. Al cabo de dos años, comenzaron a aparecer las deudas y muy pronto, Chang Tan tuvo que vender sus propiedades y caer en la más absoluta pobreza. Al verlo en ese deprimento estado, Hai Tang lo abandonó y se casó con otro hombre de la localidad.
Chang Tan se convirtió en un mendigo y pedía limosna de casa en casa. Cierto día, llegó a la puerta de una familia muy rica, y se desmayó a consecuencia del frío y el hambre que cargaba. Al verlo allí tumbado, una sirvienta informó a la ama y le pidió permiso para darle socorro.
Ting Hsiang, que era la ama de la mansión, autorizó a la sirvienta y le indicó que junto con dos criados llevase al desdichado a la cocina de la casa. Allí, Chang Tan despertó y recibió una confortante comida caliente, que ya hace buen rato no había probado.
Al día siguiente, la dueña de casa quiso ver quién era ese pordiosero que había sido recibido ayer en su cocina. Ella deseaba saber cómo era y si era posible darle algún trabajo menor en casa para que estuviese deambulando por las calles.
Un criado anunció a Chang Tan que la dueña de la mansión venía verle, y éste observó a través una ventanilla quién era la ama de casa. Pero, para su sorpresa, era Ting Hsiang, la mujer que él mismo había echado de su casa hace unos años.
Sintió mucha vergüenza y quiso ocultarse. Finalmente se metió en un hoyo del fogón, donde las llamas estaban apagándose. Al entrar Ting Hsiang a la cocina, se sintió extraña al no ver a nadie. Preguntó al criado y éste le respondió también sorprendido que hace un rato estaba el mendigo con él. Sugirió que tal vez había ido al baño y que volvería pronto. La ama de casa dijo que se iba y ordenó al criado que mandase a llamarla cuando volviese el huésped.
Paso un rato, y el criado comenzó a sentir el olor a carne quemada. Cuál fue su susto al ver al pobre mendigo completamente calcinado dentro del fogón. Llamó inmediatamente a su patrona, quien al llegar a la cocina se sorprendió al ver a Chang Tan, su ex marido, muerto por asfixia en la cocina.
Se sintió muy triste y enojada por el hecho, en su interior, ella seguía sintiendo un afecto por este hombre de tan débil voluntad. Un par de años después, Ting Hsiang fallecía, a consecuencia de la depresión, dicen algunos.
Al comparecer ante el Emperador del Jade, la suprema deidad del Panteón Taoísta, éste consideró que Chang Tan era en esencia alguien bueno, ya que reconoció su falta. Le confirió una misión, que fue de cuidar de las cocinas en el mundo de los mortales, para evitar que otros desdichados tuviesen la misma suerte que tuvo.
Así, fue nombrado Dios de la Cocina, y a Ting Hsiang, la nombró como su “consorte”, y en muchos hogares, su imagen es colocada al lado del Dios de la Cocina.
También existen varias versiones más sobre el origen del Dios de la Cocina, y a través de los siglos, ha sido representados como los emperadores difuntos Huang y Yan, que se consideran antepasados del pueblo chino; o como una anciana, que se encarga de la comida; o alguien vestido de rojo que parece ser una bella mujer; e incluso existe la leyenda de un pobre que se casa con la hija del Emperador de Jade.
Tras realizar la despedida al Díos de la Cocina, la gente comienza a hacer preparativos para pasar la Fiesta de Primavera. A partir de entonces y hasta la víspera del Año Nuevo chino, se hará la limpieza de la casa. El polvo, conocido como chen en chino, tiene la misma pronunciación de "lo viejo", por eso la limpieza simboliza la destrucción de lo viejo para construir lo nuevo, en lo cual la gente pone sus mejores deseos para el nuevo año.

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viernes, octubre 31, 2008

 

Significado folklórico-religioso del arroz en Taiwan

De igual manera como el arroz nutre el cuerpo humano, también alimenta el espíritu del pueblo de Taiwan y continúa jugando un papel importante en las tradiciones y cultura de la isla.
Para los festivales tradicionales, el arroz siempre ha sido ingeniosamente transformado en diversos tipos de comida deliciosa y refinada. En una oración por la paz, armonía y una abundante cosecha, se usan con frecuencia tales especialidades de arroz como ofrenda a los dioses que protegen al pueblo y la tierra que le da sustento.
Las escenas de los festivales religiosos muestran de manera muy apta el respeto de los participantes por la fuerza de la naturaleza. A un costado de casi todos los arrozales se encuentra un diminuto templo con una imagen sentada del venerado Dios de la Tierra. Los campesinos le rezan regularmente, ofreciendo una respetuosa inclinación de la cabeza y algunas palabras de reverencia cada vez que pasan cerca en camino o de vuelta del trabajo.
Los agricultores rezan por una abundante cosecha, que depende de las fuertes lluvias que caen alrededor del 20 de abril. Cuando por fin esas "lluvias de los granos" llegan, los campesinos hacen un suspiro de alivio al conocer que las siembras del año han tenido un buen inicio.


Durante el Festival de los Difuntos, una época del año en que la gente venera a sus antepasados ofreciéndoles alimentos hechos de arroz, se prepara una tipo pasta de arroz usando un viejo molino de mano. Entre los alimentos hechos de arroz se encuentran pasteles rojos en forma de tortuga que simbolizan buena suerte y longevidad.
Durante los meses de verano, los campesinos sudan profusamente mientras trabajan en el campo. Un viejo adagio taiwanés reza: "Cada grano de arroz equivale a 100 gotas de sudor". Con certeza, ésto implica mucho trabajo, ya que un plato promedio de arroz contiene más de 4 mil granos individuales.
Los taiwaneses tienen muchas supersticiones creadas para instar a la gente a apreciar el grano que ha sido obtenido con tanto esfuerzo. Algunas veces, se regañan a los niños que desperdician incluso un grano de arroz. Empero, existían formas más alegres de impartir la frugalidad. Cuando un viejo campesino observaba a su nieta con granos de arroz que han quedado en su cara y en el plato solía decirle: "Tienes arroz cerca de la boca. Asegúrate de comerlo todo, o terminarás casándote con un marido con la cara picada".
Aunque en la actualidad los tsung-tzu o tamales de arroz glutinoso constituyen un bocadillo favorito durante todo el año, el Festival de los Botes Dragón solía ser la única época del año en que los niños podían saborear el pegajoso bocadillo en el pasado. El arroz glutinoso crudo es rellenado con un surtido de carnes o dulces y empacado compactamente en una pequeña pirámide hecha con hojas secas de bambú. Luego, todo el tamal es hervido o cocido al baño de María.
Para celebrar el otoño, la época de la cosecha, los granos maduros están listos para ser recolectados. En la actualidad, se pueden ver pequeños tractores que se mueven incesantemente entre los campos, cortando y juntando las espigas de precioso grano. En el pasado, una docena o más de trabajadores se ayudaban uno a otro en la cosecha, yendo de un campo a otro. El patio o la calle en frente de una tradicional casa de campo en Taiwan era el sitio ideal para colocar los granos al sol, y secarlos lentamente por dentro y por fuera.
Para cerrar el ciclo completo del año, la escena de invierno en las familias de antaño en Taiwan se centraba en los momentos en que prepara la comida tradicional para el Año Nuevo chino o Nien yueh fan. No pueden fallar las pequeñas bolas de arroz glutinoso que pueden ser cocinadas en sopas dulces o saladas. Es un evento familiar y los ancianos enseñan a los niños los puntos más finos de esta tradición. "Hay que enrollarlos bien y que sean lo más redondo posible. Tienen que ser buenos y redondos para que ganen mucho dinero", solían decir las abuelas sus nietos.
El simbolismo del arroz se ha filtrado en algunos de los eventos más importantes e íntimos de la sociedad taiwanesa, cubriendo virtualmente casi todos los aspectos de la vida tradicional de la isla.

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miércoles, julio 30, 2008

 

El Budismo en Vietnam

En Vietnam, el budismo ha sido un tanto diferente a lo que podría ser considerado como la “norma” del budismo clásico del Sudeste Asiático, ya que ha sido fuertemente influenciado por la presencia china durante siglos.
Históricamente hablando, el budismo jugó un papel sobresaliente en la defensa de los valores tradicionales en los países del Sudeste Asiático. Cuando uno de estos países era dominado por una potencia colonialista, surgían movimientos nacionalistas inspirados en el budismo, donde sus miembros manifestaban claras tendencias religiosas.
Esta realidad prevaleció hasta nuestros tiempos, y en Vietnam, fue patética su influencia con el ejemplo de los monjes budistas que se inmolaron a sí mismos en los años sesenta en contra de la presencia de las tropas estadounidenses y de otros países occidentales.
A pesar de los desafíos que ha sufrido en budismo frente a la ciencia y la tecnología de los tiempos modernos, la religión ha ofrecido en ese país un fuerte apoyo ideológico y cultural a los esfuerzos nacionalistas y de modernización. El budismo también ha ofrecido soluciones a los cambios políticos, económicos y sociales por los que ha pasado el país. Con el triunfo de la revolución comunista, el budismo ha sido desplazado de un poder espiritual a un medio mediador de los valores culturales.

El monje budista Thich Quang Duc inmolado en una calle céntrica de Saigon. La foto es uno de los iconos de la Guerra de Vietnam.

El budismo entró a Vietnam en dos oleadas significativas. La primera fue la llegada de letrados y misioneros de la escuela Mahayana de India varios siglos antes de la Era Cristiana. Ellos presentaron la doctrina budista tanto a la élite ilustrada como a los campesinos.
Alrededor de dos siglos después de la Era Cristiana, se produjo la segunda oleada budista al país. En esta ocasión, fueron los monjes de la escuela Theravada, provenientes de China. A partir de ese entonces, esas dos escuelas del pensamiento budista coexisten en toda la geografía de Vietnam.
La forma predominante de budismo en Vietnam es una combinación de la tradición de la Tierra Pura y el Thien (Chan, en chino; o Zen, en japonés). La práctica del Thien o Chan, con su hincapié en la meditación se concentra principalmente entre los miembros de la Sangha (comunidad religiosa); mientras que los laícos prefieren la filosofía y práctica de la Tierra Pura.
En el sur, existe una importante minoría que practica el budismo Theravada (del Vehículo Pequeño), mayormente entre las personas de etnia khmer (camboyana), aunque muchos vietnamitas de la región también son seguidores de esta escuela. En algunos sitios, como la Universidad Budista Van Hahn de la ciudad Ho Chih Min, los monjes theravada estudian juntos con sus compañeros mahayanos.
También existe una forma particularmente vietnamita de budismo que ha evolucionado en las provincias sureñas, consistente en una exitosa combinación de las sectas Theravada y Mahayana. Siguiendo la filosofía Mayahana en casi todo su contexto, la Sangha observa rigurosamente el código ético Vinaya y sus miembros salen diariamente a la tradicional rutina de solicitar limosna. El Venerable Minh Dang Quang es considerado el fundador de esta versión de budismo vernacular vietnamita.
Pero, al igual que la mayor parte de los países asiáticos, el sincretismo religioso también prevalece en Vietnam, y eso es notorio no sólo con el budismo, sino también dentro del contexto de otras religiones. Se dice que los “vietnamitas son confucianistas en tiempos de paz y budistas en tiempo de intranquilidad”.
El confucianismo y el taoísmo jugaron un papel esencial en el desarrollo del budismo en Vietnam. La tendencia natural de la filosofía taoísta hacia la contemplación y meditación fue un complemento útil para la práctica budista. Como resultado, muchos simbolos y técnicas de meditación taoístas han sido incorporados al pensamiento budista vietnamita. También hay que incluir la tradición animista que ha prevalecido desde tiempos inmemoriales.
En los tiempos de la ocupación francesa, surgieron varias sectas budistas híbridas, y la mayoría de ellas siguen teniendo muchos adeptos, especialmente entre las comunidades vietnamitas en ultramar.
Una de estas sectas en la Hoa Hao, una forma laíca de protestantismo budista militante. También encontramos la secta Cao Dai, que es un intento vietnamita de combinar las mayores religiones del mundo, haciendo hincapié en profecías y rituales. Su organización imita aquélla de la Iglesia Católica, incluyendo una Santa Sede, su propio Papa y cardenales.
Desde la época de la ocupación francesa, hubo un deseo latente entre los líderes budistas de impulsar una revolución social en Vietnam, enfocando en la erradicación de la pobreza, corrupción y violencia. En pleno apogeo de la Guerra de Vietnam, el presidente sudvietnamita, Ngo Dinh Diem, reprimió fuertemente la intervención política del clero budista, cuyas declaraciones tenían considerable peso en el pueblo sudvietnamita.
El 11 de junio de 1963, cuando la rebelión budista en contra de Diem entraba en pleno apogeo, el monje Thich Quang Duc caminó hacia una bien concurrida calle en el centro de Saigon (hoy llamada Ciudad Ho Chi Minh), se sentó en posición de loto y se prendió fuego a sí mismo, ante el asombro y la consternación de los presentes.
La inmolación de Thich Quang Duc tomó por sorpresa a muchos, e incluso causó confusión en el público. Sin embargo, envió un mensaje urgente a las dos partes beligerantes. La imagen de su serena actitud mientras era consumido por las llamas se ha convertido en una de las imágenes más permanentes de esa cruel guerra, que junto a aquella foto de la niña desnuda que corre desesperadamente del pavoroso incendio causado por una bomba napalm, muestran tal vez la intensa pasión del budismo y sus adherentes.
A sentarse en la clásica forma del loto adoptada milenios atrás por Buda, Quang Duc quiso resaltar el sentido de moralidad y responsabilidad hacia otros que va más allá de los sistemas culturales y políticos mundanos. Fue un mensaje tanto para los norteamericanos, como para los vietnamitas. Fue un mensaje tanto de reconciliación como un llamado a la rebelión.
Aunque dentro del canon confucianista, que aún influye moralmente en el pueblo vietnamita, la muerte de Quang Duc fue un “suicidio tranquilo y caballeroso (o del hombre recto) que expresa su resignación e impotencia para resolver un conflicto fundamental”; su suicidio podría ser considerado como una “advertencia de la intolerable brecha entre la moral y la realidad del régimen de Diem.
En agosto de 1963, Diem respondió a las manifestaciones budistas con una fuerte represión y declaró la ley marcial. Como consecuencia, las autoridades estadounidenses comenzaron a sentirse cada vez más molestos por la brutal e inefectiva administración de Diem. Posteriormente, Estados Unidos redujo la asistencia no militar a Vietnam del Sur, comenzó a otorgar asilo político a disidentes sudvietnamitas, y preparó un sangriento golpe de estado en contra de Diem y su hermano, Ngo Dinh Nhu.
La inmolación de Thich Quang Duc tuvo un impacto que se extendió más allá de las fronteras de Vietnam. A la postre, más de cien monjes y monjas budistas siguieron su ejemplo durante la Guerra de Vietnam.
Sin embargo, es ya conocido que en su mayoría fueron víctimas de una macabra operación de Frente Unido por el Vietcong, que se aprovechó del desapego y espíritu de sacrificio de la comunidad budista para anteponerlo ante el régimen de Diem, de inclinación católica.
La reflexión que vale en la actualidad es cuestionar si los grandes ejemplos de altruismo, valor y activismo espiritual que mostraron Thich Quang Duc y sus seguidores a la hora de la inmolación, han contribuido realmente a una mejor justicia social y mayor igualdad en la Vietnam socialista que existe en actualidad.
Tras la caída del régimen de Diem, la Asociación Budista Unificada, bajo el liderazgo de Thich Tri Quang and Thich Thien Minh, siguió políticamente activa. Sin embargo, la llegada del régimen socialista las actividades de la misma han sido prohibidas. Poco después de la caída de Saigon y la ocupación comunista del Sur, Thich Tri Quang fue puesto bajo arresto domiciliario de nuevo, al igual que en los viejos días del régimen pro-occidental al que tanto se opuso.
Los principales líderes de la Asociación, incluyendo a Thich Huyen Quang y Thich Quang Do, han sido virtualmente puestos bajo arresto domiciliario, y se encuentran principalmente confinados a sus templos. Recientemente, Thich Quang Do se dirigió a los presentes en una manifestación de campesinos en la ciudad Ho Chi Minh, lo cual ha reforzado la vigilancia gubernamental sobre la Asociación y sus seguidores.
Después estar 26 años en prisión, el monje Thich Thien Mien fue liberado en 2005, procediendo luego a formar una asociación de ex prisioneros políticos y religiosos. Como resultado de tal acción, Mien fue detenido e interrogado por la policía por supuestas actividades anti-gubernamentales.
Por otro lado, cuatro budistas de la secta Hoa Hao fueron sentenciados en 2007 en Dong Thap, a condenas de cuatro a seis años de prisión por “causar desorden público” tras participar en una protesta contra el encarcelamiento de varios miembros de su secta en 2006.
En febrero de 2007, varios centenares de monjes budistas de la etnia Khmer (camboyanos, conocidos también como Kampuchea Krom) realizaron una manifestación pacífica en Soc Trang, pidiendo mayor libertad religiosa. La policía dispersó a los manifestantes y arrestó a los líderes de la protesta. Cinco de ellos fueron sentenciados a penas de dos a cuatro años de prisión por “causar desorden público”.
Un monje de esa misma etnia, Tim Sakhorn, fue detenido, expulsado de la Sangha y deportado a Vietnam por las autoridades camboyanas en junio de 2007. En noviembre de ese año, fue condenado a un año de prisión por atentar contra la unidad nacional.
Sin embargo, a pesar que el budismo ya no es la religión oficial del Estado, se estima que alrededor del 90 por ciento de los vietnamitas son budistas, y su predominio durará muchos siglos más, por más que el régimen socialista intente disminuirle importancia.
En el fondo, Vietnam sigue siendo un país profundamente budista. La Sangha se encuentra muy integrada a la comunidad y los templos con frecuencia mantienen escuelas, orfanatos, clínicas y hogares para los discapacitados, ofreciendo servicio directo a la población.
Por otro lado, los laicos juegan un papel importante en la vida religiosa. Las circunstancias históricas han generado muchas persecusiones contra las diversas sectas budistas en los últimos cincuenta años.
Las principales festividades budistas que se celebran en el país son el Vesak (Natalicio de Buda) y el Vulan o Ullambana (Festival de las ánimas o de piedad filial). Generalmente, los vietnamitas suelen visitar los templos en el décimoquinto día del mes lunar, así como durante los diversos días feriados del budismo. Muchos creyentes se colocan una túnica gris sobre su ropa normal al ingresar a un templo budista, para demostrar su determinación de ser un budista de convicción.
Los monjes son denominados como “maestros” (thay), mientras que las monjas son llamadas “hermanas” (su co). Todos los que son consagrados en la vida religiosa adoptan el apelativo Trich, que denota que se han tomado votos de desapego del mundo material, apartándose incluso de su familia terrenal, para unirse a la Sangha o comunidad budista. Muchos vietmanitas humildes ingresan a la Sangha para poder recibir educación superior, y muchos llegan a dominar algún idioma extranjero, generalmente el chino, francés o inglés.
Entre los budistas, el saludo consiste en juntar las palmas de sus manos a la altura del pecho y decir Mo Phat (Alabado sea Buda). Otra forma de saludo consiste en recitar el nombre Amitabha Buda.
Las características más significantes del pensamiento budista en Vietnam es la integración de las tradiciones animistas, budistas, confucianistas y taoístas. En este aspecto, el caso vietnamita es prácticamente único. Los rituales, creencias y nociones de su forma religiosa reflejan cada una de esas tradiciones.
Un segundo aspecto que sobresale en el budismo vietnamita ha sido el desarrollo en dos etapas de las escuelas Mahayana y Theravada en el país. Las dos escuelas no sólo representan la existencia de diferencias en sus doctrinas y enfoque teológico básico, sino que también reflejan la influencia cultural de dos diferentes naciones: India y China.

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sábado, julio 26, 2008

 

Las comparsas de templo en Taiwan

Neimen es un pequeño pueblo ubicado en el sureño distrito de Kaohsiung. Su población se dedica básicamente a la agricultura y su ritmo de vida es por lo general muy tranquilo. El área es famosa por su Valle de la Luna, una formación de origen volcánico caracterizada por un enorme paraje desolado y desprovisto de vegetación. Allí, los viajeros concurren para contemplar los pequeños volcanes de fango, que en vez de arrojar lava y fuego, echan bocanadas de lodo y gas metano. Los guías locales suelen impresionar a los visitantes echando pedazos de papel encendido que al contacto con el metano producen una gran llamarada.
Este pintoresco pueblo es famoso por su comparsa Sung Chiang. En el Templo Tzichu, ubicado en el centro del poblado, casi todos los residentes del poblado se reunen para participar en el carnaval cultural.
La comparsa Sung Chiang es una tradicional forma de desfile y danza ritual que se realiza en las calles o patios de templo durante muchos festivales religiosos. Se le conoce en chino como cheng-tou, que literalmente quiere decir "formaciones de batalla".
Las cheng-tou o comparsas de templo son un arte de representación que combinan las ideas religiosas de respeto a los dioses y temor a las ánimas; los conceptos morales de piedad filial e hidalguía; juntos con los movimientos y ritmos de las artes marciales chinas.
Por lo general, este género de actuación callejera presenta narraciones legendarias que combinan lo real con lo fantástico. Es una de las pocas danzas folklóricas que se han preservado más o menos completas. Sus orígenes se remontan a los difíciles días cuando llegaron los primeros inmigrantes a Taiwan provenientes del sur de China continental.
Eran días terribles, donde los primeros pobladores tuvieron que abrirse campo en medio de un entorno agreste, luchar contra tribus hostiles y enfrentarse a un futuro incierto. Al amanecer cada día, muchas arduas labores esperaban en el campo y para mantenerse en buenas condiciones, los varones practicaban las artes marciales en sus tiempos libres.
De esta manera, comenzaron a aparecer las primeras actuaciones de artes marciales en las fiestas religiosas en ocasión del cumpleaños de la deidad venerada en un determinado templo.

Las orquestas de música china tradicional son indispensables para dar acompañamiento a las comparsas de templos. En Taiwan, prevalecen los géneros musicales del Sur de China.

Con el tiempo, estas actuaciones de artes marciales fueron sofisticándose y se convirtieron en grupos formales que recibían entrenamiento y alguna forma rudimentaria de coreografía.
Las comparsas de templo combinan elementos de las artes marciales, tácticas militares, creencias religiosas y entretenimiento. En la antigua sociedad agrícola de la isla, el regionalismo era muy acentuado y cada poblado guardaba celosamente sus propiedades y el honor de su gente. Las disputas eran comunes y muchas veces se tornaban en violentos feudos de clanes.
Por eso, al celebrarse el natalicio de un dios, esos grupos salían a proteger la imagen sagrada e impartir una sensación de tranquilidad para que los pobladores orasen por la paz y buena fortuna del lugar.
Los actores que participan en las comparsas deben recibir un fuerte entrenamiento en artes marciales. Después de terminar la faena en el campo, todos se reúnen y el entrenador comienza a dirigir sus tropas. Su sencilla voz de mando conlleva la herencia cultural, los valores tradicionales, el sentimiento y el orgullo de la comunidad. Se convierte en un sonido que une al pueblo con la tierra en que vive.
En tiempos de paz y en los festivales de templo, las comparsas competían entre sí en forma amistosa y pacífica. Pero, al estar en peligro el poblado, estas comparsas adoptaban una formación de combate para repeler cualquier agresor.
En la actualidad, las cheng-tou han perdido su papel militar, pero siguen conservando su sentido religioso y su propósito como medio de entretenimiento. En el pasado, cuando no existía el cine ni la televisión, una comparsa de templo constituía un entretenido programa que disfrutaban tanto niños como adultos. Además, la actuación siempre cumplía una función didáctica con las lecciones morales que impartía en las narraciones históricas que presentaba.
La actuación incluía combates cuerpo a cuerpo entre sus miembros y el uso de las 18 armas estándares del arsenal chino. Sin embargo, el alma de la misma radica en la formación de combate. Formaciones tales como la del alacrán, la avispa y el hexagrama usan golpes rápidos y repentinos que tratan de desarticular al enemigo sorprendido. En su coreografía cerrada se integra el pensamiento táctico desarrollado a través de los siglos como valioso aporte de los pensadores militares antiguos.
Sus miembros llevan los rostros pintados. No es un maquillaje, sino una forma de lenguaje visual. En los patrones y colores usados uno puede percatarse de la psicología del color en el arte y pensamiento chinos.
Aparte del aspecto sagrado y solemne de estas actuaciones, también se integran la diversión y el regocijo, que son también parte integral de la vida humana.
Cada comparsa está integrada por un mínimo de 36 actores, pero el número puede aumentar hasta 108 personas. Cada uno de ellos interpretan un papel específico y porta un tipo de arma determinada.
En el transcurso de la actuación, los miembros de la comparsa muestran una apoteósis de hidalgos y patriotas que expresan el deseo de justicia social que siente la gente común.

Una presentación de comparsas de templo siempre constituye una fuente de intenso entretenimiento en las zonas rurales.


Una comparsa de templo formal va acompañada de "cuadros vivos" o carrozas alegóricas decoradas con temas folklóricos tales como cuentos épicos, personajes famosos y leyendas populares.
En el pasado, las carrozas eran sencillas, estáticas y tiradas por bueyes o personas. Hoy, con la tecnología moderna, se han incorporado luces multicolores, efectos con rayos láser, música estéreo y artefactos mecánicos que imparten acción y vida a los cuadros presentados.
A diferencia de las comparsas de los carnavales occidentales, donde el paso de los años ha ido incorporando temas novedosos que van desde personajes de Disneylandia hasta supuestos seres extraterrestres, las comparsas de templo en Taiwan son bastantes estrictas en los temas y personajes que participan en ellas. Se ha conservado la tradición de las formaciones antiguas y resulta difícil tratar de integrar cualquier otro tema o personaje que se aparte de ésto.
Una explicación sobre esta diferencia podría ser el caracter religioso y marcial que tienen tales formaciones en Taiwan. Parecería ilógico la presencia de un personaje de Disneylandia en medio de un grupo de antiguos guerreros. Sin embargo, Mulan, aparece en algunas de las comparsas, pero vestida como auténtica guerrera china y no como la heroína estereotipada de la conocida película de dibujos animados.
La presencia de una o más comparsas en un festival de templo imparte color y vida a cualquier celebración religiosa que se lleve a cabo allí. Además, refuerza el sentimiento y la cooperación comunitaria. Simbólicamente, estas comparsas son giras de inspección en donde los dioses pasan revista a la comunidad.
La gente local, organizada en grupos, se pone sus vestimentas y realiza formaciones marciales para asistir a los dioses en su gira de inspección, a la vez que ahuyenta a los demonios y otras fuerzas malignas.
Las ferias de templo ofrecen una oportunidad para que la gente común deje de lado momentáneamente el trabajo y se reúna con sus vecinos. Y las comparsas que participan en estas ferias son la expresión de una cultura religiosa que ha evolucionado hasta convertirse en el espectáculo de variedades que tenemos en la actualidad.
Después de un día de desfile con la imagen sagrada, la cheng-tou retorna al templo cansada pero alegre. Sus integrantes saben que con su actuación han expresado su gratitud a los dioses del Cielo y la Tierra. Con sus conjuros y danzas centenarias, han podido comunicarse una vez más con el más allá.

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lunes, junio 30, 2008

 

El murciélago en Asia: ¿Buen o mal agüero?

Desde tiempos inmemoriales, el murciélago ha sido considerado como un ser de poderes misteriosos en las diversas culturas del mundo. Por su singular combinación de ser un mamífero que puede realmente volar y sus hábitos esencialmente nocturnos, el animal ha sido visto con temor y veneración en muchos pueblos asiáticos, tejiéndose muchísimas leyendas y mitos relacionados con el mismo.
Dentro de las tradiciones folklóricas de Asia, el murciélago ha sido considerado como un ser de buen augurio en algunas civilizaciones, mientras que ha sido sinónimo del mal en otras.
Los murciélagos son mamíferos voladores que pertenecen al orden Chiroptera cuyas extremidades superiores se han desarrollado como alas. Mientras que otros mamíferos como la ardilla voladora o los dermópteros sólo planean distancias limitadas, los murciélagos son los únicos realmente capaces de volar.
La estructura del ala abierta es muy similar a la de una mano humana abierta y cubierta por una membrana. Se le conoce más técnicamente como o quirópteros.
Los murciélagos constituyen una excepción a la regla de que la longevidad de mamíferos guardan relación con el tamaño del animal, ya que pueden llegar a vivir 15 años o más. Por esta razón, en China, Corea, Japón, Mongolia y otros países asiáticos es considerado como símbolo de la longevidad.
Si bien dentro de la cultura occidental, el murciélago es usualmente un símbolo de la noche, de lo oculto y de la naturaleza prohibida; en Asia, es generalmente asociado con los aspectos positivos de la vida. Pero, incluso en Occidente se asocia al murciélago con personajes imaginarios de la noche de la talla de seres malvados como Drácula; o de superhéroes como Batman.
El murciélago tiene hábitos nocturnos, y tradicionalmente se cree que las ánimas y los espíritus también vagan por las noches. Por esa razón, Chung Kuei (Zhongguei), el Cazador de Fantamas, pide a los murciélagos que observen dónde se encuentran esos seres indeseados en el mundo de los mortales. Una vez que el murciélago descubre algún fantasma, vuela de vuelta hacia Chungkuei y le comunica acerca del sitio donde lo vió. Enseguida, nuestro caza-fantasmas llega al lugar y captura al ser maligno.
Debido a la homofonía, en China el vocablo para murciélago, “fu”, suena igual que fortuna (fu); y por esa razón, ha sido considerado como un animal que simboliza la fortuna y buena suerte. Se le suele representar en número de cuatro para denotar el “otorgamiento de fortuna”; o con un dibujo de cinco murciélagos para expresar la “llegada de las cinco fortunas” (Wu-fu ling-men).
Es un símbolo de buen augurio que suele colocarse en las paredes, entradas, incenciarios, bordados, vajillas y una miríada de artículos de uso diario en la región de la China extendida. Existen muchas leyendas chinas relacionadas con el murciélago.


Alegoría china donde se muestran cinco murciélagos estilizados que simbolizan las Cinco Fortunas. Este diseño es muy común en la decoración tradicional asiática.



En coreano, a pesar de la popularidad adquirida por el hangul o escritura coreana, la tradición sigue prescribiendo el uso del ideograma chino para denotar buena fortuna, generalmente acompañado por representaciones gráficas del murciélago.
El ideograma chino fu, que se pronuncia pok en coreano, se sigue escribiendo al estilo caligráfico tradicional debido a la ausencia de un vocablo adecuado en el hangul que pueda describir la bendición que representa. Incluso en la actualidad, muchas artesanías coreanas tradicionales, incluyendo adornos de muebles, almohadas, brocados, jarrones y tallados en madera, incorporan imágenes del murciélago junto con el mencionado ideograma. El conjunto constituye un símbolo de buena suerte con gran poder.
Como se creía que los murciélagos viven mil años, también se usan sus imágenes como símbolo de longevidad. Un diseño muy común en Corea es el Obok o cinco bendiciones, que muestra un conjunto de cinco murciélagos que representan las cinco fortunas: longevidad, riqueza, salud, amor y felicidad. En cuanto a la última, los coreanos consideran que la más inmensa felicidad de una persona es tener una muerte natural, sin dolores ni largos sufrimientos.
Todo este conjunto de creencias y tradiciones tienen hondas raíces en la cultura china, que por su interacción durante milenios ha estado muy integrada con la vida diaria del pueblo coreano. Incluso en nuestros días, una enorme población coreana vive en el territorio chino-continental, donde existen áreas autónomas coreanas en las provincias de Manchuria o el Noreste de China.
Un ejemplo de esta influencia es el uso de murciélagos de color rojo, ya que se considera de buen augurio debido a que tanto los chinos como los coreanos creen que ese color ahuyenta los males. En muchos tejidos podemos apreciar a un viejo con cabeza abultada, que representa al Dios de la Longevidad. Encima del benévolo anciano, siempre observamos un par de murciélagos volando, impartiendo un poderoso efecto a la alegoría.


Amuleto en forma de amuleto tallado en madera fina. Arte contemporáneo.













Chung Kuei, el cazador de fantamas, ordena a su murciélago para que vaya a descubrir dónde están ocultos los fantasmas.



Este documento aún se encuentra en preparación. Por favor volver a ver nuestro blog posteriormente.

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domingo, junio 29, 2008

 

Taiwan combatió el SARS con las deidades chinas

A mediados de marzo de 2003, comenzaron a reportarse la presencia de una extraña forma de fiebre que presentaba un cuadro clínico muy diferente a aquel de la gripe normal. Muy pronto, se anunciaron las primeras muertes causadas por esta extraña enfermedad, que posteriormente fue identificada como el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, siglas en inglés).
Poco a poco la situación fue tornándose cada vez más seria y grave. El Hospital Hoping de la ciudad de Taipei fue declarado en cuarentena, y los noticieros de la televisión se concentraban casi exclusivamente en reportajes de nuevos casos, pasando imágenes de personas que desde la calle saludaban a lo alto, a las personas que se asomaban en las ventanas del hospital, dirigiendo un recuerdo a sus familiares ingresados y que no podían abandonar el hospital hasta una nueva orden...
Muy pronto, el SARS comenzó a causar pánico, creando un fuerte sentido de inseguridad e incertidumbre. La gente no se atrevía a tomar el metro, ni a visitar un hospital por temor a contraer la enfermedad. Todas las personas salían a la calle con mascarillas para supuestamente protegerse de la enfermedad. Y en todos los sitios públicos, tales como oficinas, escuelas, almacenes, etc., se impuso la imperiosa necesidad de tomarle la temperatura a todas las personas que entraban a dichos recintos.
La agonía que vivió Taiwan era indescriptible. Muchos extranjeros abandonaron apresuradamente el país, dejando sus trabajos. Para colmo de males, no siendo miembro de la Organización Mundial de la Salud, Taiwan no recibía información actualizada, ni sabía cómo enfrentar la epidemia.
Llegó un momento donde parecía que ni la alta tecnología, ni los avanzados conocimientos científicos podían detener el despiadado avance del mortal virus. En medio de la desesperación, la gente en Taiwan recurrió a sus tradicionales creencias religiosas en un intento por combatir la grave enfermedad.
Al desconocerse en el momento la causa real de la epidemia, ni una cura efectiva, la gente recurrió al uso de exorcismos y otras ceremonias religiosas tradicionales para expeler los malos espíritus, considerados como los causantes de tales males.
A mediado de mayo, el Templo Chingshan, ubicado en el sector de Wanhua de la ciudad de Taipei, organizó una procesión junto con otros 20 templos de la localidad para combatir la amenaza del SARS.
El templo ha sido famoso por su papel protagónico hace más de un siglo en la lucha contra la peste. La historia del templo se remonta al cuarto año del reinado del emperador Hsien-feng de la dinastía Ching (1854). En esos momentos, el norte de Taiwan estaba siendo azotada por una epidemia de peste. Un grupo de pescadores provenientes de Huian, Fukien, decidieron invitar a la deidad protectora de su pueblo para que viniese a Taiwan para ayudar a combatir la peste.

Ling-an Chun-wang o Señor de la Paz Espiritual, la deidad que ayudó a combatir el SARS en Taipei.

En ese año, los aldeanos trajeron una estatua del Ling-an chun-wang (Señor de la Paz Espiritual) o Rey de Chingshan para realizar una romería por las calles de Manka, el sector más próspero de la ciudad en ese entonces. Al pasar por la Calle Vieja (hoy conocida como Avenida Hsiyuan), el palanquín se volvió sumamente pasado y fue imposible seguir cargándolo.
Después de tirar las medialunas precatorias o bloques de adivinación, la deidad señaló que deseaba quedarse en ese lugar. Los presentes se postraron ante la estatua y prometieron construir un templo en su honor. En 1956, se comenzó a construir el templo en el sitio donde se encuentra actualmente en la Calle Kueiyang. Finalmente, el Templo Chingshan fue formalmente inaugurado en 1859.
Cabe destacar que el brote de peste en la ciudad desapareció totalmente poco después de la romería, razón por la cual los vecinos comenzaron a divulgar la versión del Rey de Chingshan como destructor de la peste.
Ahora que el SARS atacaba con toda su furia, e incluso el Hospital Jenchi, ubicado en el centro de Wanhua, había sido declarado en cuarentena por un brote de la mortal enfermedad dentro de sus salas; los pobladores del sector se acordaron de los dotes del Rey de Chingshan. Ellos habían escuchado acerca de sus milagrosas hazañas de boca de sus abuelos y padres, y había llegado el momento de acudir a pedir su ayuda.
Más de 100 automóviles participaron en la procesión, donde los encargados de los templos participantes rociaron las calles y callejones de Wanhua con agua bendita y repartieron galletas de paz entregadas por el Rey de Chingshan. Los vecinos recibieron las galletas y encendieron largas hileras de triquitraques con la esperanza de ahuyentar esta nueva epidemia del siglo XXI.
Cerca del Hospital Jenchi, personal del Templo Chingshan colocaron cinco banderas de mando de diferentes colores para solicitar que los Cinco Mariscales de Campo y sus tropas celestiales venidas de las cinco direcciones acudiesen a combatir la epidemia.
Los comerciantes de la Calle Huahsi, el sitio más concurrido por los visitantes locales y extranjeros que llegan al área de Wanhua, donaron un Bote del Rey de 12 metros de eslora, que fue cargado con dinero votivo y ofrendas, y llevado a un parque a orillas del río. Allí, monjes taoístas recitaron una serie de sutras y celebraron un ritual para impartir fuerza especial a la embarcación, que finalmente fue quemada y echada a las aguas.
"Nuestro Rey de Chingshan ha escuchado nuestras plegarias. Ved cómo se lleva el SARS en su nave. Pronto el brote epidémico estará bajo control”, comentó un vecino del lugar al ver alejarse la embarcación en medio de las llamas que la consumían.
Aparte del Rey de Chingshan, otra deidad que tradicionalmente ha estado identificada con los brotes de peste es Wang Yeh. Generalmente conocido como el Dios de la Pestilencia, la especialidad de Wang Yeh es alejar las epidemias.
A pesar de que en Taiwan, la tradición del culto hacia Wang Yeh es más fuerte en el sur de la isla, disminuyendo su culto a medida que uno se deplaza hacia el norte, los fieles en esos momentos difíciles acudieron a todos los remedios que tenían a su alcance.
Para demostrar su sinceridad, los devotos de Wang Yeh donaron una gran cantidad de dinero votivo para una ceremonia del Bote del Rey, que se realizó en la sureña ciudad de Tainan, siendo necesario contratar un camión que hizo varias decenas de viajes hacia el sitio donde estaba la embarcación.
En el día de su quema, varios miles de creyentes jalaron la embarcación para meterla en el agua, tras de haber encendido su preciosa carga. Una serie de amuletos y símbolos de despedida a los espíritus virulentos fueron colocados en el barco, que pronto fue consumido por las llamas. Al ver cómo el fuego terminaba con todas sus ofrendas, el pueblo se sintió grandemente aliviado; esperanzado en que WangYeh se haya llevado consigo el mortal flagelo que ha mantenido al pueblo en zozobra.
Aparte del popular Wang Yeh, otras deidades relacionadas con la salud y la medicina, tales como Pao-Sheng Ta-ti y Shen-nung Ta-ti, fueron invocados para que acudiese en ayuda de los afligidos mortales en la otrora Isla Hermosa.
El Templo Paoan, ubicado en Talungtung, dentro del área vieja de la ciudad de Taipei, alberga a Pao-Sheng Ta-ti, nombre de la deidad protectora de la salud, cuya traducción literal al castellano es "Gran Emperador que Preserva la Vida".

El Templo Paoan de la ciudad de Taipei fue uno de los principales sitios donde fueron los ciudadanos de la ciudad capital a implorar por protección contra el SARS.

Durante el brote del SARS, los ciudadanos acudieron al Templo Paoan para hacer ofrendas de cerdo y huevos de pato. El cerdo es considerado un animal expiatorio, que se encarga de sufrir en nombre de su amo; mientras que los huevos de pato representan la supresión del mal.
Durante milenios, Pao-Sheng Ta-ti ha realizado milagros en múltiples ocasiones para salvar al pueblo de grandes epidemias. En media de una emergencia nacional, era sencillamente natural que la población acudiese de nuevo a su venerado salvador.
Ante el súbito aumento de fieles que visitaban el templo, los encargados del mismo tuvieron que trabajar hasta altas horas de la noche para atender las visitas. Esto era una señal de cuánto pánico había surgido en medio de la población local.
A partir del 28 de abril, el Templo Paoan realizó una ceremonia de tres días para orar por el bienestar, de modo que los enfermos pudiesen recuperarse pronto y aquéllos que no habían sido infectados pudiesen evitar la calamidad. Se imploró a Pao-Sheng Ta-ti para que tuviese misericordia y sacase a Taiwan de la crisis muy pronto.
Por otro lado, el Templo Hsienchang, en el suburbio de Sanchung, en el distrito de Taipei, realizó una ceremonia para orar por el bienestar y terminar con el mal de la pestilencia. La misma se llevó a cabo el día 25 del cuarto mes del calendario lunar, que es el natalicio de Shen-nung Ta-ti, el legendario emperador que echó los cimientos para la medicina herbolaria china.
Otros templos del norte de la isla prepararon bebidas consagradas que contenían hojas de mora, pino y otras hierbas para entregarlas a los fieles como antídoto para combatir el SARS. En algunos templos del norte de Taiwan también se instalaron imágenes de Wang Yeh para hacerle ofrendas por primera vez desde que éstos fueron fundados.
Durante muchas décadas, Taiwan no sufrió de ningún brote epidémico serio, y la gente de acostumbró a la vida normal. A pesar que el mundo se encuentra a diario envuelto en guerras, violencia, catástrofes naturales, hambruna y otras calamidades, el ciudadano de Taiwan concebía que todo aquello le era ajeno. Hasta que el SARS lo despertó de su estado de fantasía y tuvo que hacer frente a esa triste realidad.
Frente a una plaga, un problema social, un peligro que amenazaba a todos, como lo fue el brote del SARS, todas las sectar religiosas y templos en Taiwan entraron en acción. Es probable que sus súplicas fueron escuchadas por las respectivas deidades patronas de cada uno de los poblados donde se realizaron ceremonias y rezos comunitarios, ya que a finales de junio, la pesadilla del SARS llegó a su fin. A pesar de encontrarnos en una era de tecnología avanzada en los albores del siglo XXI, la gente sigue teniendo más confianza y goza de mayor comodidad al implorar a los dioses para combatir epidemias como el SARS. Esto tal vez refleja que la civilización moderna tiene también su lado débil.

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